miércoles 21 de octubre de 2009
Vendada
Escrito por Sabrina Hayworth en 12:18
-¿Izquierda o derecha?
-Izquierda... Esperá, no te apures tanto. Cuidado con el pozo.
-¿Es muy grande?
-Bastante, pero no es más difícil que subir la escalera. Mejor agarrame vos de la cintura y seguime, vamos a saltarlo. No quiero que te tropieces.
-Está bien. La venda me da cosquillas.
-Es normal. Bancá que vamos a saltar... Ya está. No era nada.
-¡Ay!
-Esperá, quedate quieta hasta que te agarre de la cintura otra vez. Ahora sí, sigamos. Caminá.
-¿No lo sentís? ¿No huele a chocolate?
-Extendé la mano.
-Awww, ¡qué lindo! Me encanta el chocolate. Gracias.
-De nada. Sigamos.
-Nadie nos corre.
-Cierto, nadie nos corre, pero no tenemos por qué parar.
-Izquierda... Esperá, no te apures tanto. Cuidado con el pozo.
-¿Es muy grande?
-Bastante, pero no es más difícil que subir la escalera. Mejor agarrame vos de la cintura y seguime, vamos a saltarlo. No quiero que te tropieces.
-Está bien. La venda me da cosquillas.
-Es normal. Bancá que vamos a saltar... Ya está. No era nada.
-¡Ay!
-Esperá, quedate quieta hasta que te agarre de la cintura otra vez. Ahora sí, sigamos. Caminá.
-¿No lo sentís? ¿No huele a chocolate?
-Extendé la mano.
-Awww, ¡qué lindo! Me encanta el chocolate. Gracias.
-De nada. Sigamos.
-Nadie nos corre.
-Cierto, nadie nos corre, pero no tenemos por qué parar.
You look like a perfect fit
For a girl in need of a tourniquet
For a girl in need of a tourniquet
jueves 8 de octubre de 2009
Poderoso
Escrito por Sabrina Hayworth en 19:41
Hay diferentes maneras de ser poderoso. A mí me gustan todas, excepto la más conocida: la del empresario/político/jefe/superhéroe poderoso. El resto son un sueño hecho realidad.
Hay una forma de poder que me gusta más que otras.
Hay una forma de poder que me gusta más que otras.
Este tema es un buen ejemplo, merece la denominación de poderoso:
Imagino un cuello. Y respiración.
viernes 18 de septiembre de 2009
Echémosle la culpa al ratón
Escrito por Sabrina Hayworth en 10:45
He aquí un texto de Paula Margules, una autora argentina. Me parece que tiene un gran valor, ya que nos recuerda los prejuicios con los que vivimos a diario. Ya es hora de deshacernos de ellos, ¿no les parece?
El día que no existan más los ratones
El citadino se burla del provinciano que desconfía del recién llegado que sospecha del afroamericano que recela del blanco que desprecia al francés que rechaza al polaco que duda del inglés que segrega al brasileño que se ríe del gallego que hace bromas sobre el argentino que margina al boliviano que rechaza al gringo que ofende al indio que huye del católico que humilla al judío que se aparta del palestino que mata al israelí que pelea con el árabe que desprecia a la mujer que maltrata a los chicos que pisan al sapo que come insectos que pican al hombre flaco que discrimina al gordo que se ríe del travesti que rechaza al policía que abusa del ladrón que roba al adolescente que señala al homosexual que critica al cura que rechaza al político que se aprovecha del débil que maldice al fuerte que atropella al distraído que vitupera al viejo que engaña al joven que contradice al adulto que se queja de su jefe que acosa a su secretaria que envidia al cadete que huye del director que está harto del cliente que exige del vendedor que engaña al comprador que insulta al fabricante que se queja del funcionario que desdeña al periodista que hostiga al camarógrafo que reportea al entrevistado que insulta al intelectual que señala al ignorante que ofende al estudioso que reprocha al médico que subestima al enfermo que sufre del burócrata que patea al gato que se come al ratón que muerde un tobillo y contagia la rabia.
El día en que no existan más ratones se acabará la rabia y el mundo será un lugar maravilloso.
El día que no existan más los ratones
El citadino se burla del provinciano que desconfía del recién llegado que sospecha del afroamericano que recela del blanco que desprecia al francés que rechaza al polaco que duda del inglés que segrega al brasileño que se ríe del gallego que hace bromas sobre el argentino que margina al boliviano que rechaza al gringo que ofende al indio que huye del católico que humilla al judío que se aparta del palestino que mata al israelí que pelea con el árabe que desprecia a la mujer que maltrata a los chicos que pisan al sapo que come insectos que pican al hombre flaco que discrimina al gordo que se ríe del travesti que rechaza al policía que abusa del ladrón que roba al adolescente que señala al homosexual que critica al cura que rechaza al político que se aprovecha del débil que maldice al fuerte que atropella al distraído que vitupera al viejo que engaña al joven que contradice al adulto que se queja de su jefe que acosa a su secretaria que envidia al cadete que huye del director que está harto del cliente que exige del vendedor que engaña al comprador que insulta al fabricante que se queja del funcionario que desdeña al periodista que hostiga al camarógrafo que reportea al entrevistado que insulta al intelectual que señala al ignorante que ofende al estudioso que reprocha al médico que subestima al enfermo que sufre del burócrata que patea al gato que se come al ratón que muerde un tobillo y contagia la rabia.
El día en que no existan más ratones se acabará la rabia y el mundo será un lugar maravilloso.
jueves 10 de septiembre de 2009
Tom Waits
Escrito por Sabrina Hayworth en 9:48
“Soy como todos. Mi vida es como la de un controlador de tránsito. Momentos de aburrimiento quebrados por momentos de terror absoluto. Algunos días estoy flotando en un manantial sobre un pétalo de lirio y al día siguiente el viento me está arrancando la piel. Y uno se las arregla”, dijo Tom Waits, el músico de la voz cavernosa, mezclando lo mundano con la naturaleza, como hace casi siempre con sus canciones. En esa entrevista publicada en Página 12, reflexionó sobre el paso del tiempo y sus antiguos vicios. Porque sí, Waits abandonó los vicios: “¿Fumar? No. Ya solté eso, y solté la bebida. Mi esposa dice: ‘Bebiste suficiente’”, contó en la misma entrevista.
Su música huele a tabaco, perfume barato, alcohol e, incluso, a perro, telas enmohecidas y encierro. Es que el músico nacido en 1949 en Pomona (California, Estados Unidos), respiró desde joven el ambiente de cabaret y la claustrofobia de los pueblos chicos y olvidados, aire que inspiraría su obra. Trabajó como portero de un bar y comenzó a empaparse de la noche el desamor y sus vicios.
En 1973, las desdichas y sus historias se vieron resumidas en “Closing time”, su primer disco. A partir de allí, transitaría su carrera como en un viejo tren desvencijado: con sacudones y algunos momentos de calma. Nada cambió hasta que en 1980 conoció a Kathleen Brennan, con quien compuso sus siguientes temas y una vida en común. Actualmente, tienen tres hijos y viven en una zona vinícola del norte de San Francisco.
Waits grabó en 20 discos en 36 años (“Rain dogs”, “Heartattack and vine” y “Alice” son unos pocos ejemplos) y, sin haberse alejado del jazz y el avant garde, supo mutar su estilo sobre la melancolía, la crudeza y la voz cascada que lo distinguiría de otros artistas. "Una canción debe tener su propio sistema nervioso. La melodía es como el humo, y el ritmo son las toses", definió en los años 80, y sabía tanto de lo que hablaba que hasta patentó su manera de cantar.
Sus canciones se escucharon al menos en 50 películas y él mismo participó en 26 de ellas, bajo el mando de directores como Jim Jarmusch y Francis Ford Copppola. Su inquietud bohemia lo llevó a explorar los sonidos y las diferentes expresiones del arte (como el intento fallido de llevar su disco de 1983, “Swordfishtrombones”, al teatro). Nadie lo sabe pero quizás lo que lo motivó a hacerlo es, como dice en “Fannin street”, el ansia de aventura y “ese deseo de tener mucho más”.
Su música huele a tabaco, perfume barato, alcohol e, incluso, a perro, telas enmohecidas y encierro. Es que el músico nacido en 1949 en Pomona (California, Estados Unidos), respiró desde joven el ambiente de cabaret y la claustrofobia de los pueblos chicos y olvidados, aire que inspiraría su obra. Trabajó como portero de un bar y comenzó a empaparse de la noche el desamor y sus vicios.
En 1973, las desdichas y sus historias se vieron resumidas en “Closing time”, su primer disco. A partir de allí, transitaría su carrera como en un viejo tren desvencijado: con sacudones y algunos momentos de calma. Nada cambió hasta que en 1980 conoció a Kathleen Brennan, con quien compuso sus siguientes temas y una vida en común. Actualmente, tienen tres hijos y viven en una zona vinícola del norte de San Francisco.
Waits grabó en 20 discos en 36 años (“Rain dogs”, “Heartattack and vine” y “Alice” son unos pocos ejemplos) y, sin haberse alejado del jazz y el avant garde, supo mutar su estilo sobre la melancolía, la crudeza y la voz cascada que lo distinguiría de otros artistas. "Una canción debe tener su propio sistema nervioso. La melodía es como el humo, y el ritmo son las toses", definió en los años 80, y sabía tanto de lo que hablaba que hasta patentó su manera de cantar.
Sus canciones se escucharon al menos en 50 películas y él mismo participó en 26 de ellas, bajo el mando de directores como Jim Jarmusch y Francis Ford Copppola. Su inquietud bohemia lo llevó a explorar los sonidos y las diferentes expresiones del arte (como el intento fallido de llevar su disco de 1983, “Swordfishtrombones”, al teatro). Nadie lo sabe pero quizás lo que lo motivó a hacerlo es, como dice en “Fannin street”, el ansia de aventura y “ese deseo de tener mucho más”.
viernes 4 de septiembre de 2009
Rara
Escrito por Sabrina Hayworth en 13:03
Érase una vez una mujer muy culta e inteligente. Sabía sobre todo y ni bien conocía un tema nuevo lo entendía al instante. No obstante, nunca logró entender sus sentimientos. Los años y los amores le pasaron por encima. Un día murió. Se había acostado a dormir a la noche y nunca más despertó. A su lado dormía su pareja, a la que ella amó pero sin entender cómo ni por qué.
Mucho creían que era buena. Ella sabía que no lo era pero nadie le creía. En sus últimos días no se molestó por afirmar lo contrario. La gente cree lo que quiere creer.
Mucho creían que era buena. Ella sabía que no lo era pero nadie le creía. En sus últimos días no se molestó por afirmar lo contrario. La gente cree lo que quiere creer.
"Nunca sabremos por qué amamos tan poco y tan mal, ni por qué destruimos lo que amamos."
(Fragmento de "Plástico cruel", de José Sbarra)
(Fragmento de "Plástico cruel", de José Sbarra)
jueves 27 de agosto de 2009
Tiempo de introspección
Escrito por Sabrina Hayworth en 15:32
Esto lo escribí en el Parque Rivadavia. Hoy no fui a la facultad y digamos que no es el mejor día de mi vida. No tengo que explicarlo, no importa. Acá está:
¿Cuándo va a llegar la tormenta y se va a ir este calor?
Los niños caminan como borrachos, miran las cosas cotidianas maravillados, todo es nuevo y el mundo entero parece un parque de diversiones a su disposición. Los odio.
No me voy a mentir. Este día amaneció mal parido. De alguna manera bizarra preví que esto sucedería. [Read me your favorite line] Me desperté sabiendo que algo saldría mal. Ahora son las 16 y hace mucho calor. Estoy en el Parque Rivadavia y tengo todo el tiempo lágrimas en los ojos. Tal vez debería dejar de escuchar a Damien Rice. Pero no es su culpa, es mia, exclusivamente mia. Fui yo la que apresuró las cosas, la que precipitó el escape. En este día, 27 de agosto de 2009, advierto que soy un pésimo ser humano con más fallas que las comunes. Me enredo en mis propios problemas, inventos y problemas inventados. [Fuck you and all we've been through] Hace un año no estaba mejor que ahora tampoco. En realidad mi problema es con los días de semana, cuando él está lejos de mi alcance. Los fines de semana son una historia y un mundo aparte, lleno de todo lo que me gusta, excepto mi música. Pero nadie debe ser mi droga, no tiene que ser así, no corresponde. Lo amo pero no basta con eso para ser feliz. Ojalá fuera tan fácil. Y si hay alguien al parecer insaciable, pesa debo ser yo. Y no me gusta. Te odio Damien.
¡Justo hoy me tenía que pasar esto! ¡Qué suerte tan triste la mia!
Aunque debo admitir que sentirme libre es algo realmente hermoso. Gracias, Dios, por dejarme este momento de calma. Lo necesitaba. Necesitaba estar sola y tranquila. Voy a recobrar energía y volver con todo mi arsenal de cariño (?).
Vaya día este 27 de agosto, realmente inusual.
martes 18 de agosto de 2009
Ojalá leyeras esto
Escrito por Sabrina Hayworth en 19:51
Necesito descargarme e imaginar que podrías leerlo. Sí, vos, Boris. Esto es para vos:
Técnicamente escribir esto me convierte en una loca, en una enferma, quizás en una caprichosa, pero me chupa todo un huevo. Todo menos la gente que quiero. Y aunque lo creas imposible, vos todavía estás con los otros, con mis amigas y quien ahora es mi novio, mi amor. Sí, estoy con alguien y soy feliz, pero hay cosas que molesta no poder decirlas. Mi novio sigue en contacto con su primera novia, son amigos y hasta fue testigo de su casamiento. ¿Por qué no nos hicimos caso? ¿Por qué ahora no tenemos esa relación que tanto deseábamos? "Si el día de mañana no estamos más juntos, vamos a ser amigos y vamos a aconsejarnos con nuestras relaciones" decíamos. ¿Te acordás? Hacia el final me dijiste que yo daba el perfil de una mujer golpeada: "No quisiera en el futuro encontrarte con un ojo morado y que me digas que te golpeaste con la puerta" me dijiste retándome una vez más por mi estupidez. Podría decir en mi defensa que en ese último mes no pudiste soportar mi obsesión malsana pero seguiría siendo parcialmente falso, porque la culpa fue también mía. No hacía demasiado para salir de mi infierno y olvidar algunas cosas, sólo iba a la psicóloga y al psiquiatra y tomaba religiosamente mis pastillas. Ahora el problema para olvidar es otro: sos vos. No soporto que todo haya salido tan pero tan mal. Se suponía que seríamos amigos, Gonzalo, deberíamos ser amigos y compartir esas cosas que tanto significado tienen para nosotros. Y no es así. Vos estás allá y yo acá y hace medio año que no sé nada de vos. Después de casi dos años y medio escuchando tu voz casi todos los días, es entendible que me sienta rara al no saber nada de tu vida. Sé que a vos no te pasa esto, que ya fui, que fui Sabrina y nada más, que fui mucho pero que ya FUI. Menos mal que pudiste superarlo, demostraste ser más fuerte que yo. Yo no soy fuerte y ahora me duele haber perdido la amistad de alguien que fue importantísimo en mi vida. De hecho, debés seguir siéndolo, no por nada estoy tan mal por vos.
No me importa que esto no tenga buena redacción ni que yo parezca una loca escribiéndolo. Loca ya estoy y no hay nada más que pueda hacer para confirmarlo. Conozco bien mis prioridades y sé qué es lo importante, por eso para mí el primer amor no se olvida. Lamentablemente. Tal vez así sería más fácil hacer muchas cosas.
No sé qué más decirte, tengo mil cosas para decirte pero justo ahora que me decido a escribirte, no se me ocurren, no sé cómo decirlas. ¿Quedo muy mal si digo que nunca te voy a olvidar? No, creo que es entendible. Más que entendible. No fuiste cualquiera: fuiste Gonzalo. Pensá que te enojabas porque yo no priorizaba bien a la gente (es una manera de decirlo) y ahora eso que tanto te molestaba ya no me molesta ni me mueve un pelo. Ahora sé que si me tengo que poner mal por alguien, debería ser por vos. No sé ya qué pasó, por qué nos peleamos tanto. No sé por qué no aceptaste mi despedida el viernes ése en que te llamé antes de salir con unas amigas para decirte que después de tantos años de amor, era hora de despedirnos. Vos insististe con que estabas enojado y prefiero no recordar otras cosas que dijiste, que realmente me lastimaron un montón. Sin embargo, sé qué priorizar y eso no tiene peso ya para mí. Me duele más Alfio. Vos entendés.
Este domingo no, el siguiente cumplís años. Espero que la pases muy bien con los que realmente te quieren. Y espero que sepas elegir, eso es importantísimo. Ah, y que seas feliz y que nunca nunca nunca me odies, por favor.
Quedan cosas por decir pero ya ni sé, no me salen las palabras y sé que es al pedo que escriba esto o cualquier cosa: nunca lo vas a leer.
Técnicamente escribir esto me convierte en una loca, en una enferma, quizás en una caprichosa, pero me chupa todo un huevo. Todo menos la gente que quiero. Y aunque lo creas imposible, vos todavía estás con los otros, con mis amigas y quien ahora es mi novio, mi amor. Sí, estoy con alguien y soy feliz, pero hay cosas que molesta no poder decirlas. Mi novio sigue en contacto con su primera novia, son amigos y hasta fue testigo de su casamiento. ¿Por qué no nos hicimos caso? ¿Por qué ahora no tenemos esa relación que tanto deseábamos? "Si el día de mañana no estamos más juntos, vamos a ser amigos y vamos a aconsejarnos con nuestras relaciones" decíamos. ¿Te acordás? Hacia el final me dijiste que yo daba el perfil de una mujer golpeada: "No quisiera en el futuro encontrarte con un ojo morado y que me digas que te golpeaste con la puerta" me dijiste retándome una vez más por mi estupidez. Podría decir en mi defensa que en ese último mes no pudiste soportar mi obsesión malsana pero seguiría siendo parcialmente falso, porque la culpa fue también mía. No hacía demasiado para salir de mi infierno y olvidar algunas cosas, sólo iba a la psicóloga y al psiquiatra y tomaba religiosamente mis pastillas. Ahora el problema para olvidar es otro: sos vos. No soporto que todo haya salido tan pero tan mal. Se suponía que seríamos amigos, Gonzalo, deberíamos ser amigos y compartir esas cosas que tanto significado tienen para nosotros. Y no es así. Vos estás allá y yo acá y hace medio año que no sé nada de vos. Después de casi dos años y medio escuchando tu voz casi todos los días, es entendible que me sienta rara al no saber nada de tu vida. Sé que a vos no te pasa esto, que ya fui, que fui Sabrina y nada más, que fui mucho pero que ya FUI. Menos mal que pudiste superarlo, demostraste ser más fuerte que yo. Yo no soy fuerte y ahora me duele haber perdido la amistad de alguien que fue importantísimo en mi vida. De hecho, debés seguir siéndolo, no por nada estoy tan mal por vos.
No me importa que esto no tenga buena redacción ni que yo parezca una loca escribiéndolo. Loca ya estoy y no hay nada más que pueda hacer para confirmarlo. Conozco bien mis prioridades y sé qué es lo importante, por eso para mí el primer amor no se olvida. Lamentablemente. Tal vez así sería más fácil hacer muchas cosas.
No sé qué más decirte, tengo mil cosas para decirte pero justo ahora que me decido a escribirte, no se me ocurren, no sé cómo decirlas. ¿Quedo muy mal si digo que nunca te voy a olvidar? No, creo que es entendible. Más que entendible. No fuiste cualquiera: fuiste Gonzalo. Pensá que te enojabas porque yo no priorizaba bien a la gente (es una manera de decirlo) y ahora eso que tanto te molestaba ya no me molesta ni me mueve un pelo. Ahora sé que si me tengo que poner mal por alguien, debería ser por vos. No sé ya qué pasó, por qué nos peleamos tanto. No sé por qué no aceptaste mi despedida el viernes ése en que te llamé antes de salir con unas amigas para decirte que después de tantos años de amor, era hora de despedirnos. Vos insististe con que estabas enojado y prefiero no recordar otras cosas que dijiste, que realmente me lastimaron un montón. Sin embargo, sé qué priorizar y eso no tiene peso ya para mí. Me duele más Alfio. Vos entendés.
Este domingo no, el siguiente cumplís años. Espero que la pases muy bien con los que realmente te quieren. Y espero que sepas elegir, eso es importantísimo. Ah, y que seas feliz y que nunca nunca nunca me odies, por favor.
Quedan cosas por decir pero ya ni sé, no me salen las palabras y sé que es al pedo que escriba esto o cualquier cosa: nunca lo vas a leer.
miércoles 12 de agosto de 2009
Estoica
Escrito por Sabrina Hayworth en 19:51
-Si estuviera parada en medio de una corriente de aire que mueve hojas de árboles y libros, carteras, zapatos, apaga velas y hornallas, agita cabellos, faldas, camperas, trenzas, cintas, camisas, corbatas, hace volar bicicletas, autos, colectivos y trenes, ¿podría permanecer de pie o me caería?
-Estarías de pie, por supuesto. Siempre lo estás.
-Estarías de pie, por supuesto. Siempre lo estás.
Quisiera ser viento.
miércoles 29 de julio de 2009
Grazie, Mina
Escrito por Sabrina Hayworth en 12:01
Gracias, Mina, por hacerme compañía.
Che non si muore per amore
è una gran bella verità
perciò dolcissimo mio amore
ecco quello,
quello che da domani mi accadrà
Io vivrò
senza te
anche se ancora non so
come io vivrò.
Senza te,
io senza te,
sola continuerò,
e dormirò,
mi sveglierò,
camminerò,
lavorerò,
qualche cosa farò,
qualche cosa farò,
sì, qualche cosa farò,
qualche cosa di sicuro io farò:
piangerò,
sì, io piangerò.
E se ritorni nella mente
basta pensare che non ci sei
che sto soffrendo inutilmente
perchè so vivere solo
io so che non tornerai
Senza te,
io senza te,
sola continuerò,
e dormirò,
mi sveglierò,
camminerò,
lavorerò,
qualche cosa farò,
qualche cosa farlò,
sì, qualche cosa farò
qualche cosa di sicuro io farò:
piangerò,
sì, io piangerò.
Io piangerò...martes 14 de julio de 2009
Distopías sin libros
Escrito por Sabrina Hayworth en 10:47
Los autores que supieron situar al libro como un objeto de valor para la sociedad, lo representaron en sus distopías como un elemento que les falta a sus mundos. Fue así que George Orwell le dio a Winston Smith en su novela “1984” una curiosidad relativamente proporcional a su rebeldía y su disconformidad con el sistema que lo controlaba e impedía el libre albedrío. El escape de Winston fue escribir un diario a escondidas, dándole a la palabra escrita un valor supremo, casi liberador: el inicio para perpetuarse en el tiempo… Si no caía antes en la quema de libros.
El bombero Guy Montag, protagonista de la novela distópica de Ray Bradbury “Fahrenheit 451”, debía quemar la que, según el Estado, era causa de infelicidad para los ciudadanos: los libros. El solo acto de leer distinguía al lector de los demás ciudadanos y lo marginaba: no estaba bien visto que las personas fueran diferentes.
Era mucho menos aceptable ser diferente en “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, donde Bernard Marx se rebelaba contra las reglas impuestas por el Gran Estado (el sistema biológico de castas, las relaciones impersonales, el rechazo a los sentimientos, la droga legal, el entretenimiento banal). Sin embargo, no sentía deseos de leer un libro, mientras que John, el “salvaje”, se emocionaba con Shakespeare…
No es casualidad que Orwell, Huxley y Bradbury coincidieran en darle un espacio privilegiado a la palabra escrita. El libro, para estos autores, tiene un significado que supera al del diccionario: es el retrato de un tiempo determinado, un universo de ideas para la libertad, un testigo de la historia. Como diría “1984”: “El que controla el pasado, controla el futuro. El que controla el presente, controla también el pasado”. Una variación posible podría ser: “El que controla la palabra escrita, controla el pasado, el presente y el futuro”.
Los libros no sólo pueden cambiar el rumbo de una sociedad, como bien lo demuestran esas novelas. También existen personas cuya historia puede cambiar radicalmente con la llegada de un libro. Es el caso de Matilda, la niña de la novela homónima de Roald Dahl, la pequeña que, como muchos desdichados, se internaba en mundos imaginarios para olvidar el real, que bastante dejaba que desear: su familia, abiertamente pronunciada en contra de la lectura, la reprimía, la ignoraba y la despreciaba.
Parece ser que una distopía es un mundo que no acepta libros, o que no le da la importancia que se merece. Una pregunta que podemos hacernos podría ser: ¿qué clase de distopía hubiera sido la vida de Matilda, como la de muchos otros desventurados, de no haber conocido la lectura? Quizás la respuesta sea posible encontrarla en un libro.
El bombero Guy Montag, protagonista de la novela distópica de Ray Bradbury “Fahrenheit 451”, debía quemar la que, según el Estado, era causa de infelicidad para los ciudadanos: los libros. El solo acto de leer distinguía al lector de los demás ciudadanos y lo marginaba: no estaba bien visto que las personas fueran diferentes.
Era mucho menos aceptable ser diferente en “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, donde Bernard Marx se rebelaba contra las reglas impuestas por el Gran Estado (el sistema biológico de castas, las relaciones impersonales, el rechazo a los sentimientos, la droga legal, el entretenimiento banal). Sin embargo, no sentía deseos de leer un libro, mientras que John, el “salvaje”, se emocionaba con Shakespeare…
No es casualidad que Orwell, Huxley y Bradbury coincidieran en darle un espacio privilegiado a la palabra escrita. El libro, para estos autores, tiene un significado que supera al del diccionario: es el retrato de un tiempo determinado, un universo de ideas para la libertad, un testigo de la historia. Como diría “1984”: “El que controla el pasado, controla el futuro. El que controla el presente, controla también el pasado”. Una variación posible podría ser: “El que controla la palabra escrita, controla el pasado, el presente y el futuro”.
Los libros no sólo pueden cambiar el rumbo de una sociedad, como bien lo demuestran esas novelas. También existen personas cuya historia puede cambiar radicalmente con la llegada de un libro. Es el caso de Matilda, la niña de la novela homónima de Roald Dahl, la pequeña que, como muchos desdichados, se internaba en mundos imaginarios para olvidar el real, que bastante dejaba que desear: su familia, abiertamente pronunciada en contra de la lectura, la reprimía, la ignoraba y la despreciaba.
Parece ser que una distopía es un mundo que no acepta libros, o que no le da la importancia que se merece. Una pregunta que podemos hacernos podría ser: ¿qué clase de distopía hubiera sido la vida de Matilda, como la de muchos otros desventurados, de no haber conocido la lectura? Quizás la respuesta sea posible encontrarla en un libro.
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