lunes, 15 de diciembre de 2014

¿Qué hacer?

Se lamenta porque mucho más no puede hacer. Eso e intentar salir del pozo. Nunca termina de salir del pozo. Años lleva así, con breves temporadas con la cabeza asomada pero nunca con los pies sobre el pasto. No conoce esa sensación; y si la conoció, ya la debió olvidar. No pide nada extraordinario. Sólo quiere no estar en el pozo. Los demás están arriba y ella, abajo, mirando todo desde ese ángulo desde el cual todo se ve enorme y uno mismo se ve pequeñísimo.
¿Qué hacer? Se acurruca con las piernas pegadas al pecho y espera a que llegue la luz del sol del día siguiente. Los momentos de luz de hoy ya pasaron. Se siente el Teniente Mamiya, esperando esos segundos al día para no perder la razón.
¿Qué hacer mientras? Dormir para no pensar. Duchas muy calientes en la espalda, para que el frío luego se sienta aun más. Lamentarse. Intentar de nuevo.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Año y medio

Llegaste de manera abrupta, como cuando se abre el cielo después de una tormenta violenta. Entraste sigilosamente, de a poco e inesperadamente te tenía dentro mío. Te metiste abajo de mi piel y me sentí en un abismo cuando supe lo que había pasado. No tenía que ser así. Se suponía que éramos un error. Se suponía que si te he visto, no me acuerdo. Pero pudiste más.  Un día me descubrí con mis manos llenas de tu hollín y mi corazón con tu alquitrán y ahí supe que no había nada que hacer, sólo dejarme contaminar.
Ahora sé que no sos sólo eso.







Bueno, quizás pueda usar mi alquitrán para pegar tus pedacitos. De a poco.

lunes, 21 de abril de 2014

Ein?

Esta falsa humedad afecta mi cara, mi humor y mi casa. Dudo seriamente que exista. No hay humedad. Esta pesadez que siento es sólo por la fuerza del sol y el encierro. Olor a encierro, eso siento. Estoy sola en este departamento sin amueblar. Y la falsa humedad está carcomiendo la pintura blanca del techo y las paredes. Alguien supuestamente dejó la canilla abierta en el piso de arriba, o al menos eso quiero creer así sé dónde reclamar. Y eso sólo si llega a haber alguien en ese otro departamento. Él me dijo que no, que arriba sólo hay techo y cielo, que no hay vecinos arriba ni abajo, que no es un departamento sino una casa. "Una casa de verdad", dice. La imagen que me figuro de su casa "de verdad" dista mucho de lo que él plantea. Tal vez no me miente. Tal vez de verdad estamos (estoy) en un cubo en medio de la nada, sin nadie arriba, ni abajo, ni a los costados. Solos (sola) en este cubo mientras la humedad que carcome el blanco de las paredes y el techo es sólo por una lluvia pasada o porque lloro mucho. Todavía no me quedó claro eso y dudo que pronto lo sepa. No sé si es peor, la verdad, que sea mi propia culpa, la del clima o la de alguien que alevosamente está meándome encima.



No pienso perder más el tiempo tratando de corregir esto. Que sirva de ejemplo de que ya no puedo escribir así dejan de romperme las pelotas con que lo hago bien, la puta que los parió.

miércoles, 19 de marzo de 2014

La aterradora excursión de Zamba


No sé qué esperaba esa noche, estaba borracho, sí, lo suficiente como para poner Encuentro a las 2 de la mañana, pero no estaba preparado para lo que vi. Estaban pasando La Asombrosa Excursión de Zamba, así que lo dejé, para entretenerme un rato. Era el programa sobre la Dictadura, ya lo había visto así que me di cuenta de que lo que pasaba no era normal. Al principio del episodio, cuando pasean por la Casa Rosada aparece la Junta Militar y secuestran a uno de los chicos, lo desaparecen, así que Zamba viaja a 1976 a rescatarlo. Ahí empezó lo raro: la secuencia musical estaba desfasada, muy lenta, haciendo que la voz fuera extremadamente grave, y el volumen se subió muchísimo. Después de eso empezó a sonar el verdadero Comunicado N°1 de la Junta, seguido de fotos reales de Videla, Massera y Agosti mirando fijamente a la cámara, parecía que los ojos me seguían, pero lo descarté pensando que eran imaginaciones mías. Después de eso el programa siguió de manera normal, con sus figuras animadas y todo hasta que llegaron a un calabozo en busca del chico desaparecido. En ese momento empezó a sonar una risa macabra de fondo e imágenes que nunca había visto. Eran fotos de los centros de detención por adentro. Militares picaneando gente, una mujer pariendo, cadáveres mutilados y demás. Intenté cambiar de canal, pero las imágenes no se iban, me estaban dando un dolor de cabeza terrible. Me desmayé. Cuando abrí los ojos el episodio seguía de manera normal. La vuelta de la República, una canción y eso. Apagué la tele y me fui a dormir. Hoy, cuando me levanté busqué el episodio por todos lados, pero no aparece nada raro. Dejo acá el link en Youtube
del programa completo por si alguien quiere mirarlo y ver si encuentra algo raro.



(Gracias a Juan por esta belleza)

jueves, 6 de marzo de 2014

Volver



Se pregunta qué clase de vida es ésa, si vale la pena insistir, si se merece lo que tiene y cuánto valor necesita para enfrentar sus temores. Tantos lugares comunes que sólo piensa en vomitar. Odia los lugares comunes. Tienen las huellas de las cientos de personas que los atravesaron pero ni siquiera sirven de guías porque no hay una vida ni una persona igual a la otra. Sólo bloquean la visión y causan tropiezos, ahí donde el suelo se hundió de recibir tantas pisadas en la misma dirección.
Quiere volver al pozo, de donde parece no haber salido nunca, a juzgar por lo que se ve desde afuera. Lo recuerda con nostalgia porque, pese a ser un lugar común, es su propio lugar común, para ella sola. Un exclusivo lugar de mierda. Quiere quedarse ahí hasta que un alud se encargue del resto. No se anima a provocarlo todavía pero definitivamente sabe que será ella quien lo haga. De ese modo, al menos, tendrá la última palabra y la razón.



jueves, 19 de diciembre de 2013

Por qué estoy contenta

Porque caminamos juntos, buscando nuestro propio ritmo, adaptándonos al del otro y esperándonos si accidentalmente nos alejamos. Porque aprendemos y nos reímos en el proceso. Vivimos en este lugar horrible y, pese a todo, nos arreglamos para encontrar nuestro espacio donde nada está mal y podemos sonreir como descerebrados en paz.  Porque no forzamos la felicidad, ni la nuestra ni la del otro. No nos agobiamos. Nos permitimos estar mal el tiempo que sea necesario. Cuando uno se tropieza y cae en el pozo, el otro no le tira una soga -por mucho que quiera- sino que se queda arriba, mirándolo, cuidándolo de cerca y diciéndole en voz alta: "Acá estoy ahora y acá voy a estar cuando estés listo para subir de nuevo. Podés hacerlo. Yo te espero".



Y, como dije miles de veces, porque estás lleno de odio para el mundo pero conmigo sos sólo amor.




私にあなたを 守れるの?なんて
やっぱりそっと 肩に寄り添った

息を重ねましょう 時を止(と)めましょう
このまま 夢まで 旅をしましょう
いつか本当に 遠くに旅して 二人が
はぐれて しまわぬよう そっと 指を絡(から)めます


martes, 5 de noviembre de 2013

Catástrofe natural


Espero que sólo estés durmiendo, recostado incómodo entre torres de papeles y basura. No tenés razón para no dormir aunque estés sobre una piedra. Espero que sea sólo eso lo que pasa. Estás dormido, nada más. Vos dormís porque no considerás que abrir los ojos sea una opción viable.

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Aunque se hayan cerrado las puertas y las ventanas, hay una corriente de aire que fuerza su paso entre las rendijas y en cada espacio que encuentra. Es violento pero necesario hasta cierto punto. Llega un punto en el que esa corriente se hace insostenible y cuanto más conciente sos de ella, empeora aun más. Cuantas menos razones encontrás para que se hayan cerrado los accesos, más difícil se hace reabrirlos.
Los cimientos se mueven y, con ellos, el edificio entero. Las comunicaciones con el exterior se cortan de a poco. Parece haber un cambio repentino de temperatura porque el techo se contrae y dilata por turnos.
Y vos sos el único responsable.

-

Párrafo(s).
Frase final.

domingo, 11 de agosto de 2013

No es tan simple

Hundió los dedos en su pecho, extrajo lo que buscaba y aplastó la mano llena de petróleo contra aquella cara casi impoluta.
-Te queda bien -le dijo.

Ahora no sé cuánto de ese hollín es tuyo y cuánto, ajeno. Quiere igualar para abajo, pensé en un principio. No. Está haciendo algo distinto. Ni mejor ni peor: distinto. Otro aspecto de la vida, no otro nivel.

-Te queda bien -le dijo y sonrió con la convicción de quien estuvo trabajando arduamente en un proyecto y lo ve, al fin, terminado. Una sonrisa resuelta.

Todos sucios de ahora en más. Aunque se bañen, el agua queda tan turbia como su esencia. Pero tal vez me equivoque y sean felices de ese modo. De ser así, lo mejor sería callar y verlos revolcarse en el alquitrán, que quizás no sea tal. ¿Y si no es tan simple como lo planteo?

-Te queda bien -le dijo a quien hundía la mano en su pecho para extraer eso y frotárselo por la cara y el cuerpo. Le quedaba bien.

domingo, 28 de julio de 2013

Morbo


El morbo como estilo de vida. Sentir esa atracción por ver lo desagradable, lo que no corresponde, lo indecible. No sentís placer, sin embargo. Sentís ira y autocompasión en un loop infinito. Revolver los desechos esperando encontrar algo, sin saber exactamente qué. Estar dispuesto a tolerar lo que se te cruce en el camino y después recordar que no tenés tanta fuerza. Tal vez sí la tengas y por eso resistas, pese a todo, esos allanamientos ilegales. Quizás sea la fuerza del morbo la que te invita a esos lugares donde no te invitaron, en los que no eras un decorado siquiera. No lo disfrutás pero creés que es necesario conocer para entender y comparar. Por eso no es masoquismo. Es morbo.
Abrís bien grandes los ojos en un momento, los entrecerrás en otro. Así hasta que reconozcas que nunca vas a entender nada, por mucho que veas. Ya lo sabés e insistís. ¿Es ésa la vida que elegiste?

martes, 18 de junio de 2013

Al fin


El uniforme nuevo estaba impecable, limpio, radiante, listo para ser castigado. Ella también estaba lista. La experiencia ganada en esos últimos años como enfermera le enseñó cómo proceder ante las crisis de los pacientes.
Se sentó en un banco de plaza y esperó. Trató de ocultar las arrugas de la falda bajo un libro. Lo abrió y retomó la lectura. Tan inmersa estaba que no se dio cuenta de que ya no se encontraba más sola: el monstruo se había sentado a su lado y leía por sobre su hombro. Ella cerró el libro y recibió el beso en la frente que le correspondía.
El monstruo seguía tan peludo como siempre, con una importante diferencia: el agua turbia que solía recorrer sus venas y envenenar sus actos se purificó tiempo después del alta (autoimpuesto, claro). Como resultado, sus modos mejoraron y ya no había peligro al estar cerca suyo. La enfermera reconocía la mejora en su estado y por eso estaba ahí. Sabía que sus palabras estarían seguras con él.
Al fin había llegado ese momento.



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Busco la manera de entenderte. Sólo así podré conocerte. Pero al menos te creo. Al fin te creo.

jueves, 6 de junio de 2013

Bah


¿Para qué tratar de retener una imagen o un tacto? Cuanto más vívido, más duele después.
Retengo las cosas de una manera que me incomoda un poco. No recuerdo mucho las caras ni las voces de la gente, mucho menos el olor. Todo es borroso o ajeno, como si nunca hubiera pasado. Algunos podrían ofenderse si lo supieran.
Pero el tacto... No lo puedo borrar. Y tengo escenas específicas grabadas a fuego en la memoria. De las más lejanas no sabría decir cuánto de realidad hay y cuánto de cosecha propia e inconsciente.
Hay una muy reciente que no quiero olvidar. Me conmovió mucho. La busqué y la conseguí. Sentí amor en ese momento, estaba conmovida por algo tan común y corriente. Todavía siento en mi cuerpo las puntadas que me recuerdan lo que estaba pasando. A veces basta con ver las cosas desde otro lugar -físico o emocional- para que se conviertan en algo más, algo que no vas a querer olvidar aunque te duela en un futuro.
Y saber que estás sola en eso porque la otra persona no vio ni vivió lo mismo que vos, pese a haber estado ahí e incluso haber sido el mismo protagonista, te hace callar y no compartirlo.
Al final todo en mi vida se resume en un silencio lleno de culpa y vergüenza.

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Hay personas que tienen hollín adentro. Otras tienen alquitrán. Otras no tienen nada. Otras tienen una estructura de plástico. Y otras están rotas. No sabemos cómo se mantienen en pie. Tienen las piezas rotas y, cuando se mueven, escuchan cómo hacen ruido en su interior. Como un frasco lleno de clavos. Imaginen ese ruido. Imaginen escucharlo adentro de su cuerpo sabiendo que son pedazos de ustedes mismos. Es un recordatorio constante de lo que hicieron o lo que les hicieron, de las malas decisiones, de su fragilidad. Todo el tiempo ese ruido en sus oídos y en su pecho. Todo el tiempo.
No podemos escapar de lo que somos.

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Mi fascinación por los hombres con hollín adentro. Y. para rematarlo, uno con puro alquitrán. Pero no busco limpiarlo: quiero hacer algo de espacio adentro suyo para que pueda respirar y se descontamine un poco. Es su esencia, no busco cambiarlo, sólo hacerle la vida más llevadera.

ああ 少しだけでも シャツの上でも
ああ 君に触れたいよ
ああ 憶えている最期の一行は
「必ず帰るよ」

lunes, 13 de mayo de 2013

Sin miedo


Dejó caer un brazo al costado de la cama. Las cortinas estaban cerradas y apenas entraba un poco de luz. Con dificultad se podían distinguir los muebles. Tampoco tenía los ojos abiertos así que no tenía cómo saberlo. Dormía profundamente. Era un sueño que le había costado conciliar y que, finalmente, estaba disfrutando. Pero eso estaba por terminar: una mano salió de abajo de su cama y estrechó la suya.
No tardó mucho en despertarse alterada. Su reacción inicial fue intentar soltarse de esa mano desconocida que la estaba... acariciando. Un pulgar se movía delicadamente sobre el dorso la mano que había dejado expuesta. Sabía que tendría que haber mantenido el pánico inicial pero no pudo: la criatura que vivía bajo su cama la estaba conteniendo. No recordaba cuándo había tenido contacto con otro ser por última vez. Se sentía comprendida. Todo eso gracias a la mano del monstruo que vivía bajo su cama, que durante tantos años había sido fuente de terror y el causante de pesadillas y movimientos apresurados. Se convertía en una atleta para esquivar ese hueco oscuro a la noche.
Ya con los ojos abiertos, buscó en penumbras la silueta a la que pertenecía. Se acercó de a poco al borde de la cama hasta ver dos ojos amables e inocentes. Sintió cómo el cansancio acumulado había manchado su propia mirada y, avergonzada, deseó limpiarse. Esos ojos anónimos, sin embargo, no la juzgaban y no sintió frío.
Tomó esa mano con más fuerza y vio cómo la figura emergía de abajo de su cama hasta quedar acostada a su lado. Cerró los ojos y se dejó envolver por unos brazos fuertes. Seguir durmiendo era una buena opción, claro, pero ahora estaba acompañada.

domingo, 28 de abril de 2013

No sé


Me pregunto por qué quiero hablarte todavía y contarte lo que me pasa. Ya imaginé todas las conversaciones posibles, desde las que salen bien hasta las que terminan mal, con uno de los dos enojado o resentido o frío como un glaciar, y el otro llorando. Siempre soy yo la que termina llorando, tanto en fantasías como en la realidad. No soy ninguna víctima por eso, sólo es mi manera de expresarme. Soy llorona, calculo que ya lo sabés. Aunque hace bastante que no lloro, lo cual me trae bastantes problemas. Reprimo y somatizo. Hoy casi lloro pero no lo hice al final. Estoy reprimiendo sin darme cuenta. Quiero llorar mucho, ¿sabés? Quiero llorar como antes, liberar todo, largarlo todo, dejarlo ir, descargarme. Tengo demasiados sentimientos contenidos y necesito liberarlos. Soy una bomba de tiempo.
Imagino que me entenderías pese a todo.
Quiero acostarme con vos y contarte todo; que me digas qué pensás, sin resentimiento ni prejuicios ni culpa. Que tengas la mente abierta para escuchar y entender. Quiero quebrarme enfrente tuyo y que me contengas, que veas el alcance de las palabras y los actos -no sólo los tuyos sino los de todos-. Una vez que aprendemos a asumir esa responsabilidad, empezamos a ser un poco mejores personas. Tal vez nos haga más infelices pero al menos seremos más justos.

Ya ni siquiera sé a quién le hablo, la verdad. Dejame ver tu cara y escuchar tu voz. Quiero saber quién sos ahora.

martes, 2 de abril de 2013

Mejor no saber


-No -respondió. Fue lo primero que atinó a decir. Era la peor respuesta pero la más sincera, la más clara y concisa, la más fatal. Pero sincera al fin.
Esa verdad estuvo flotando entre los dos durante todas sus conversaciones y abrazos. Ambos lo sabían y no lo discutían. No obstante, alguien tenía que expresarlo para que dejara de ser un acuerdo tácito y pasara a ser un hecho.
¿Qué se hace una vez que ya no hay más que aclarar?, se preguntaba ella desde el otro lado del sillón. Había dicho demasiado con muy pocas palabras y él la había superado en brevedad y honestidad. Digno oponente. Digno compañero también.
El aire se tornó pesado. Ambos se preguntaban ¿Y ahora qué?. Ninguno estaba dispuesto a levantarse e irse. Se sentían con derecho a enfrentarse. Quizás se merecieran, eso no lo sabían todavía y, con suerte, no lo sabrían nunca. Eso sólo llevaría a más confusión y haría que todo lo edificado alrededor suyo se derrumbara.
Mientras él intentaba evitar su mirada, ella buscaba alcanzarlo. Quería alcanzarlo. Se acercó a él, apoyó una mano sobre su pierna y la otra en su mejilla. Reconoció esa expresión en sus ojos. No se privó de besarlo: podría ser la última vez. Él no pudo huir de ella. Le pareció escuchar a lo lejos cómo los edificios perdían estabilidad. Tenía miedo. No estaba preparado para asumir tal responsabilidad.
Se miraron a los ojos sin querer entender. Él la tomó de la mano y supo qué decirle:
-Pero tampoco importa. Somos así.
Estaba entregado.
Y fue así como ella supo que no sería la última vez.

jueves, 21 de marzo de 2013

Un nudo menos

-En realidad -le dijo-, quiero darte algo que nadie más pueda. Es un modo de sentirme menos genérica y más memorable.
Dicho eso, se encogió en el sofá y lo miró a los ojos. Pronunció esas palabras sin forzarlas y, aún así, se adivinaba la fuerza de una corriente de agua incontenible que se abre paso entre las rocas. El miedo se había desvanecido y sólo quedaba la expectativa de una respuesta. Creyó verlo pagando la cuenta y despidiéndose amablemente, como quien escapa de un problema. Pero seguía a su lado, con una expresión indescifrable.
Él se sentía intimidado por su honestidad y, sin embargo, le sostuvo la mirada. No quería mostrar debilidad. La tomó de la mano e hizo un esfuerzo para no acariciar su mejilla -un gesto demasiado fraternal-. Mientras pensaba qué decir para aliviarla, ella sonrió con resignación y agregó:
-Es que si no vivo de esta manera, ¿para qué voy a vivir?





Voy a hacer uso de vos. Voy a entender.