sábado, 20 de febrero de 2010

El fantasma del alma disgregada

Esta vez no sería así. "No, Señor, claro que no", pensó al mirarse al espejo. Estaba radiante: su cabello se ondulaba con gracia, su piel estaba tibia y suave, su ropa interior y su vestido realzaban la belleza de su cuerpo. Sólo faltaban esos dos ojos de madera que, como flashes, la iluminarían todavía más.
Se sentó en un sillón y, sabiendo que esas luces no se prenderían, comenzó a hablar sola, con la voz quebradiza y huidiza.

"Debería empezar bien para que te den ganas de seguir escuchándome, pero no me importa sonar bien para tus oidos, prefiero ser cruda y sincera. ¿Te acordás cuando tu corazón ardía? Yo sí. No fue hace tanto, te habrás dado cuenta. Ardía y podía sostenerlo entre mis manos sin que me quemara, porque ardía por mí y no podía hacerme ningún daño. Ardía y latía con fuerza y calma, como si supiera que estaba en las manos indicadas. Me acuerdo del carrusel al que me subí al verte por primera vez con mis nuevos ojos. Giraba y te podía ver todo alrededor, no te perdía nunca de vista porque vos corrías para no perderme. Ahora sufro El fantasma del alma disgregada. Sí, usé la palabra alma, porque yo creía que... Creía muchas cosas. ¿No sabés lo que es El fantasma del alma disgregada? Tratá de recordar nuestra charla sobre Lacan, sobre el espejo y los niños. El fantasma del cuerpo disgregado se llama a esa sensación, ¿no lo recordás? Tal vez... Tal vez también esté sufriendo El fantasma del cuerpo disgregado, esa parte que me falta y que provoca angustia. Cuál es la parte de mi cuerpo que no veo, no sé, no sabría decirte, pero alguna me debe estar faltando porque siento un vacío extraño en mis entrañas. Es una especie de hambre. Debería averiguar qué órgano me falta y buscar uno para comérmelo. Deformo las teorías y los símbolos más conocidos por el hombre, me encanta buscarle nuevos significados por más ridículos que sean. Cuando termine mi monólogo voy a quemar mi vestido. Te lo comento por si te gustaba cómo me quedaba. Yo también lo voy a extrañar. Perdón, me corrijo, lo voy a extrañar. Desvirtúo todo, con razón... eso. ¿Qué pasó con el carrusel y con tu corazón ardiente? Tanto correr lo enfrió cual té. Con el frio que hace acá en Alaska no puedo tomar tu corazón de té frio, no puedo, me provocaría hipotermia. Todavía no sé cómo hago para mantener tibio mi cuerpo en esta fria tierra, sin un té ni una frazada. Quizás el fuego con el que incendie mi ropa sea de ayuda."

Odiaba los clichés, así que le habló a un libro cerrado en lugar de a una pared. "Los lugares comunes son una forma de asesinato", reflexionó torpemente al sacarse el vestido. Efectivamente, cumplió con su palabra y el conjunto negro ardió. Las llamas no sólo no lograron calentar la habitación sino que la congelaron aun más, cubriendo a la joven de escarcha casi inmediatamente. Deseó dos cosas: tomar un corazón de té exótico caliente y que El fantasma del alma disgregada no fuera nada más que eso: un fantasma.