viernes, 7 de mayo de 2010

Jacarandá podrido para vos

Un día el paciente jugó al doctor con su enfermera. La enferma fingía hacer reposo en una camilla precaria, mientras el monstruo afilaba los únicos instrumentos que necesitaría, no muy largos pero muy afilados.
-Cerrá los ojos- dijo él y ella, obviamente, obedeció.
Sintió las garras hundiéndose en su delicada piel, levantando la carne, dejando al aire sus huesos.
-Tengo calor- fue lo único que logró decir. Una inesperada brisa cálida se había colado entre sus huesos y la había inundado.
La sangre brotaba, y de a galeones, lo que le provocó un desmayo casi intantáneo.
Cuando recuperó la conciencia, todas sus heridas estaban cubiertas por flores de jacarandá podridas. El monstruo, que las colocaba minuciosamente formando un dibujo -"Una obra de arte"- y se encargaba de no dejar espacio sin abrigar, le regaló una de sus tantas sonrisas y dijo:
-Bien, ¿no?
-Más que.

1 comentarios:

Daniel Shields dijo...

Esta lleno de bastardos todo últimamente. Y también esta lleno de sumisos que no pueden hacer otra cosa mas que vivir lo que el mundo les hace.