Hace apenas unas horas Argentina hizo historia: el Matrimonio Igualitario es LEY.
Fuimos una infinidad de personas las que escuchamos el debate en el Senado, los argumentos y las excusas, los manotazos de ahogado y los discursos dignos de ser recordados por su elocuencia. Durante todo el día la gente estuvo frente al Congreso y, con la llegada de la madrugada, muchos permanecieron inmóviles, por el frio y la expectativa. Son unos grosos, sépanlo. ¡Lo que debe haber sido esa fiesta! Muchos otros seguimos todo desde casa. Cada cosa que pasaba la comentaba con mi amigo Guillermo y salieron frases como "Hacer llorar a un christfag poderoso: AWESOME!".
Después, la votación. Después, la alegría. Juro que no puedo describir la felicidad inmensa que sentí y que aún siento por este hecho histórico. Buenos Aires era una fiesta, diría un Hemingway de cabotaje y se quedaría corto: Argentina ES una fiesta. Como hace aproximadamente 120 años, ese derecho dejaba de ser exclusivo de católicos, hoy podemos decir que ese derecho es para TODOS. Las parejas homosexuales y las familias homoparentales finalmente tendrán la protección y el reconocimiento que se merecen, dejaron de ser ciudadanos de segunda.
Obviamente hay terrenos por conquistar todavía, referidos a salud, alimento, educación, techo y trabajo. Y, sin embargo, nada de eso opaca esta alegría infinita. NADA.
Este blog nunca tuvo este tono y nunca hice grandes referencias a la gente con la que trato pero esta vez haré una excepción.
Estoy feliz por todos aquellos que ahora cuentan con el mismo derecho con el mismo nombre, por las familias homoparentales y los niños que ahora tendrán toda la protección que se merecen, por los que participaron (y participamos, jaja) de este cambio histórico, recolectando firmas, colaborando en el ruidazo y en cada manifestación que hubo. Gracias por la alegría, que es un factor en común de nuestra lucha: estábamos siempre contentos por lo que estábamos haciendo, por estar CONSTRUYENDO Y NO DESTRUYENDO, por la recepción maravillosa de la gente que nos daba su apoyo con su firma y su presencia. Gracias a los que se pusieron la causa al hombro contra viento y marea y lograron este resultado increíble que hace unos años hubiera sido impensado. ¡Fue un gusto haber compartido esto con ustedes!
Y un especial -y personal- agradecimiento a Wolf, por haber superado sus miedos y haberme acompañado en principio y después haberse involucrado tanto y con tanta alegría y energía. Estos nueve meses tienen el festejo que se merecen: felicidad y amor puro. Te amo muchísimo y gracias y felicidad y todo lo lindo que hay en el mundo y algodón de azúcar. Anoche pudiste comprobar que me quedé sin palabras y que sólo podía decir "aaaaaaaaaaaaah!!!". Felices nueve meses, amor ^.^
Fuimos una infinidad de personas las que escuchamos el debate en el Senado, los argumentos y las excusas, los manotazos de ahogado y los discursos dignos de ser recordados por su elocuencia. Durante todo el día la gente estuvo frente al Congreso y, con la llegada de la madrugada, muchos permanecieron inmóviles, por el frio y la expectativa. Son unos grosos, sépanlo. ¡Lo que debe haber sido esa fiesta! Muchos otros seguimos todo desde casa. Cada cosa que pasaba la comentaba con mi amigo Guillermo y salieron frases como "Hacer llorar a un christfag poderoso: AWESOME!".
Después, la votación. Después, la alegría. Juro que no puedo describir la felicidad inmensa que sentí y que aún siento por este hecho histórico. Buenos Aires era una fiesta, diría un Hemingway de cabotaje y se quedaría corto: Argentina ES una fiesta. Como hace aproximadamente 120 años, ese derecho dejaba de ser exclusivo de católicos, hoy podemos decir que ese derecho es para TODOS. Las parejas homosexuales y las familias homoparentales finalmente tendrán la protección y el reconocimiento que se merecen, dejaron de ser ciudadanos de segunda.
Obviamente hay terrenos por conquistar todavía, referidos a salud, alimento, educación, techo y trabajo. Y, sin embargo, nada de eso opaca esta alegría infinita. NADA.
Este blog nunca tuvo este tono y nunca hice grandes referencias a la gente con la que trato pero esta vez haré una excepción.
Estoy feliz por todos aquellos que ahora cuentan con el mismo derecho con el mismo nombre, por las familias homoparentales y los niños que ahora tendrán toda la protección que se merecen, por los que participaron (y participamos, jaja) de este cambio histórico, recolectando firmas, colaborando en el ruidazo y en cada manifestación que hubo. Gracias por la alegría, que es un factor en común de nuestra lucha: estábamos siempre contentos por lo que estábamos haciendo, por estar CONSTRUYENDO Y NO DESTRUYENDO, por la recepción maravillosa de la gente que nos daba su apoyo con su firma y su presencia. Gracias a los que se pusieron la causa al hombro contra viento y marea y lograron este resultado increíble que hace unos años hubiera sido impensado. ¡Fue un gusto haber compartido esto con ustedes!
Y un especial -y personal- agradecimiento a Wolf, por haber superado sus miedos y haberme acompañado en principio y después haberse involucrado tanto y con tanta alegría y energía. Estos nueve meses tienen el festejo que se merecen: felicidad y amor puro. Te amo muchísimo y gracias y felicidad y todo lo lindo que hay en el mundo y algodón de azúcar. Anoche pudiste comprobar que me quedé sin palabras y que sólo podía decir "aaaaaaaaaaaaah!!!". Felices nueve meses, amor ^.^
¡Felicitaciones a todxs!
Cantemos todos: ¡VIVA LA DIVERSIDAD!
Cantemos todos: ¡VIVA LA DIVERSIDAD!



1 comentarios:
¡enhorabuena! Nosotros tenemos desde hace algunos años ese derecho y estamos recontentos de que cada vez haya más países en esa tesitura de igualdad. ¿A quién hace daño que se puedan casar dos hombres y le llamen matrimonio? Fuera hipocresías y adentro libertades para todos. El mundo no se puede regir por la religión.
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