Clavó sus garras en las rodillas de la enfermera, le separó las piernas y se las ató a las patas de la silla en la que previamente la había sentado. Ella no se quejó: no creía tener la opción de hacerlo, lo consideraba un acuerdo tácito entre los tres, algo que no necesitaban discutir. Era uno de los tantos tratos que ninguno de los tres se animaría a romper.
Después anudó con una cuerdas suaves las manos de la enfermera, que se había ocupado de colocar detrás del respaldo. La postura erguida que se vio obligada a adoptar era cómoda y sana, así que no se lo podría acusar de lastimarla ni de provocarle ningún tipo de daño. Cuando se aseguró de que estaba completamente inmóvil, le dio un beso en la frente, cerró la puerta y se fue. Así es, se fue y la dejó atada a esa silla fea frente a una ventana para que, al menos, no se perdiera nada de lo que pasaba. La mayor parte del tiempo, la enfermera deseó estar frente a la pared lateral ya que de ese modo tendría la posibilidad de vigilar la puerta y la ventana al mismo tiempo. Lo que no sabía era que ella era la que estaba siendo vigilada.
Mentira, a ella le gustaba imaginar que sí pero en realidad nadie sabía siquiera que estaba ahí.
Tras la puerta el monstruo suspiró con algo de remordimiento y le dio la mano al pulpo en señal de agradecimiento o para sellar un contrato. Ni él mismo sabía lo que estaba haciendo. El pulpo extendió uno de sus tentáculos y el paciente eligió otro al azar. Por capricho.
Después anudó con una cuerdas suaves las manos de la enfermera, que se había ocupado de colocar detrás del respaldo. La postura erguida que se vio obligada a adoptar era cómoda y sana, así que no se lo podría acusar de lastimarla ni de provocarle ningún tipo de daño. Cuando se aseguró de que estaba completamente inmóvil, le dio un beso en la frente, cerró la puerta y se fue. Así es, se fue y la dejó atada a esa silla fea frente a una ventana para que, al menos, no se perdiera nada de lo que pasaba. La mayor parte del tiempo, la enfermera deseó estar frente a la pared lateral ya que de ese modo tendría la posibilidad de vigilar la puerta y la ventana al mismo tiempo. Lo que no sabía era que ella era la que estaba siendo vigilada.
Mentira, a ella le gustaba imaginar que sí pero en realidad nadie sabía siquiera que estaba ahí.
Tras la puerta el monstruo suspiró con algo de remordimiento y le dio la mano al pulpo en señal de agradecimiento o para sellar un contrato. Ni él mismo sabía lo que estaba haciendo. El pulpo extendió uno de sus tentáculos y el paciente eligió otro al azar. Por capricho.

Más de lo mismo. ¿Y? Si pudiera matar al culpable de esto lo haría pero escuché que hay leyes severas contra el suicidio, diría Bob Patiño. Es un chiste, obviamente, tampoco me considero la única culpable.
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We gonna run run run
To the cities of the future
Take what we can and bring back home
So take me down to the cities of the future
Everybody's happy and I feel at home
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We gonna run run run
To the cities of the future
Take what we can and bring back home
So take me down to the cities of the future
Everybody's happy and I feel at home


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