viernes, 5 de noviembre de 2010

Cortar los hilos de la esclavitud voluntaria

“Todos me quieren dirigir. Todos ven en mí la docilidad que permite realizar sus deseos que son órdenes”. Ese manifiesto del sumiso está plasmado en el programa de Aniquilar a la niña, la obra de la coreógrafa y bailarina Florencia Gleizer, quien ya la presentó en el Centro Cultural San Martín y el Portón de Sánchez. Sobre un piso de líneas rectas blancas y negras que forman cuadrados, la niña se mueve robóticamente. Dos pantallas la muestran bailando en un sitio que parece ser una fábrica. Está a merced de un músico, interpretado por Rodrigo Gómez, con aspecto de científico, quien da directivas en un idioma inexistente que simula ser alemán. Luego se traduce al español y continúa el proceso.
“Ese idioma lo inventó Gómez y lo usa hace muchísimos años. Es parte de su lenguaje musical. Le aportó una sustancia de laboratorio, bastante fría, para diseccionar a esta niña, observarla y ver qué le sucede”, describe Gleizer, mate de por medio, en su departamento desordenado producto de una próxima mudanza. Gómez y ella trabajan juntos desde hace dos años, cuando comenzaron con el ciclo de improvisación entre un músico y un bailarín llamado Formato Living. Al principio se presentaban en bares y estaba formado por dos duplas: una pareja invitada y ellos. “Tenemos una comunicación muy fácil entre nosotros y nuestras estéticas van de la mano”, comenta.
El ambiente industrial y riguroso de Aniquilar a la niña se vio influenciado por los nueve años que pasó enseñando matemática y por caminatas cotidianas por Villa Crespo, su barrio: “Caminando por los talleres mecánicos, vi un par de locales en Juan B. Justo en alquiler. Resultó que ambos eran simétricos e imaginé una obra en ahí, usando toda la idea de la simetría y operaciones geométricas de rotación y traslación”.
La manipulación y el automatismo como eje surgió como respuesta a la vida monótona que las personas se sienten obligadas a vivir: “Siempre estás eligiendo pero no sos consciente de eso. Muchas veces uno se mete en un carril y no se da cuenta de que puede cambiar de dirección”. La lectura del libro Ensayo sobre la servidumbre voluntaria, escrito hacia el 1500 por Étienne de la Boétie aportó a esa idea y le creó la inquietud sobre cómo puede ser que haya un dominante y un millón de dominados y qué pasaría si ese millón intentara tomar el control de sus vidas.
“Salir de ese círculo es mucho más fácil de lo que uno cree”, afirma convencida y ejemplifica: “¿Querés hacer música y no tenés plata para comprarte una guitarra? Agarrá el tacho de la cocina y hacé música con eso. ¿Querés hacer ropa? Agarrá los cachos de tela que encuentres por ahí y hacela. Se trata de animarse, correr riesgos. Conozco mucha gente que se animó y, aunque no tengamos un auto en la puerta de casa, todavía (risas), al menos sabemos que todos los días hacemos lo que nos gusta”.
La niña sale de su baldosa y regresa cuando se lo dictan. Se refugia en la oscuridad y vuelve a exponerse bajo el reflector. Se mueve frenéticamente ante las directivas y al son de la música oscura y electrónica. Gleizer cuenta que cuando terminó la primera función, el clima en el público era muy particular y al principio les costaba aplaudir. “Estoy feliz porque escucho a gente que vio la obra y se les cruzaron muchas cosas por la cabeza. El abuelo del chico que hizo los videos que poníamos en las pantallas dijo que fue como estar en 2001: Odisea del espacio, que para mí es el mejor elogio que me pueden hacer. Un par de amigas quedaron angustiadas y algunos lo entendieron como esa transición hasta llegar a los 30, donde no sabés a quién responder, cómo terminar de formarte como persona, qué dejar de tu vida anterior y qué conservar. Y eso sólo se sabe cuando uno se decide a actuar y mostrarse genuinamente a los demás”, cuenta con la sonrisa de quien ha logrado un objetivo: cortar los hilos de la propia manipulación.


"Aniquilar a la niña no es tan fácil. Como si supiera, más la busco más aparece; sonriente, bailando, presentándose ante todo el mundo. Y mi confusión ante la duda. Despierta demasiado el pensamiento. No quiero equivocarme y matar lo que no debía y entonces desaparecer yo". (Florencia Gleizer)

Foto: Nicolás Richat. Tomada de: http://aniquilaran1.blogspot.com