La garúa es más molesta que la lluvia, pensaba. Sus zapatillas blancas parecían vacas con manchas marrones. O vacas marrones con manchas blancas, para ser más exactos. Buscó en los bolsillos de su delantal si le quedaba alguna cofia de plástico y sólo encontró envoltorios de golosinas. Sonrió por la ironía y siguió su camino embarrado.
Sintió frío y esas gotas minúsculas le perforaban la delicada piel sin mayor abrigo que un saco rojo de hilo. Recordó cuánto faltaba para que llegar a destino. Lo veía en el horizonte y, aun así, estaba muy lejano.
Escuchó una voz pequeña que decía únicamente mi mi mi mi mi. Miró hacia su izquierda y vio desierto. Mi mi mi. A su derecha, sólo árboles pelados. Mi mi mi. Detrás, un acantilado. Mi mi mi, Delante, un horizonte y pozos. Mi mi mi, de nuevo. Conocía esa proclama. Abrió su botiquín de primeros auxilios y el mimimidor le alcanzó un paraguas.
Allá va la enfermera bajo la lluvia, entre el barro y el frío, esquivando pozos y charcos. Allá va ella, con un monstruo en miniatura sentado en su hombro, ambos bajo un paraguas.
En el horizonte, el sol y la luna en el mismo lugar.

No podés ponerle un precio a la pasión
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A veces siento que me colocaron unas anteojeras (debajo de los anteojos, obvio) y que si ahora intento ver algunas cosas, no podré. ¿Automatización? Puede ser. Me gusta cuando una obra, un libro, una canción o unas palabras llegan en el momento justo. Automatización. A eso llegué. La perdida de la pasión, mirar hacia adelante sin saber si es eso por lo que luché tanto. Pensar que el año que viene con suerte esté a pocos meses de terminar la carrera (bastante cara, TEA, se fueron a la mierda con la cuota) y que estaré preparada para enfrentar un montón de situaciones. Situaciones que quizás no quiera enfrentar o quizás sí, o quizás no de esa manera. Tal vez hable el Baileys (el que ya no tendré más en mis venas por mucho tiempo), pero hoy en día voy a hacerle justicia a la fe que algunos pusieron en mí. Tendré que dar lo mejor de mí, ¿no se trata de eso la vida?
Mientras, gracias, tengo oasis en cada descanso de esta escalera. En todos hay música, Wolves y libros. Principalmente, libros, muchos libros, muchos mensajes, muchos mundos para conocer, muchas personas para identificarme y/o despreciar y/o adorar. Gracias, amor, he vuelto y, al menos en esta etapa de mi vida, no intentaré avasallarte. Quiero nutrirme de todo lo que tengas para ofrecer. Sólo los relatos catárquicos del pulpo continuarán, eso sí. Si algún día llega un nuevo personaje y una nueva historia toca mi puerta, lo dejaré pasar y todos juntos tomaremos el té con cupcakes. Por el momento, me conformo con ser una humilde aprendiz de los más grandes.
Gracias de nuevo por existir.

Dakara keep trying


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