miércoles, 5 de enero de 2011

Algunos sueños importan

-¿Para qué es todo esto? -preguntaron los invitados señalando unas pantallas enmarcadas que decoraban un mueble.
-Toquen y vean -respondió el monstruo enseñando su dentadura levemente entrópica.
Tras acatar las indicaciones del anfitrión, cada una de esas pantallas comenzó a reproducir escenas felices, momentos compartidos por los dueños del hospital. Los espectadores quedaron fascinados y enternecidos por aquel detalle tan cursi como honesto.
La enfermera, sentada en un sillón, desvió la vista un instante de la costura de un muñeco que estaba creando para fijarla en el pulpo que reposaba sobre el mueble de las pantallas. Era un pulpo de verdad, con movimientos de pulpo, textura de pulpo, ventosas de pulpo, tentáculos ondeantes de pulpo y tres corazones. Uno para cada uno.




Si te diera unos lápices de colores, puede que dibujemos cosas y paisajes diferentes, pero ambos apuntarán a lo mismo. Nos dibujaste una vez, y tenías atada la pelota a la pierna. Así cualquiera hace jueguito. No me sale dibujarnos a nosotros, dibujo mal. Lo único que "sé" hacer son pulpitos deformes. Ya encontraré la forma de dibujarte bien.
Es lindo saber que nuestra brújula nos dirige hacia el mismo lugar en común, una marea constante, un barco eterno, una navegación infinita, un pulpo con nosotros. Perdoname por ser cursi pero a veces me surgen los cupcakes, Rilakkumas, gatitos, heladitos, arcoiris y demás ridiculeces lindas y tiernas que le darían vergüenza a cualquiera. Por alguna razón, vos despertás a todos los Rilakkumas en mí.

Pulpito, slurp. Eso, quería decirte cosas lindas sin decir la gran obviedad de que te amo y que estoy muy enamorada de vos. Bueg, se me escapó. À bientôt, mon loup.