miércoles, 26 de enero de 2011

Y nada malo va a pasar

No quiero una ciudad sin amor. Estoy escuchando Kōng Chéng de Faye Wong por vez número 214 en la semana. Y recién es miércoles a la noche. Guillo me está hablando por MSN, ese medio arcaico y aparatoso pero cómodo y accesible para todos. Ahora que volvió a tener internet chateamos prácticamente todas las noches, como en los viejos y deplorables tiempos. Los inolvidables, los que mejor sería enterrarlos.
El disco To love de Faye Wong es triste. No es malo, es buenísimo, pero todos sus temas son tristes. Últimamente lo estoy escuchando demasiado. Si pudiera, me lo compraría.
De tanto escucharlo, muchas ideas se vinieron a mi mente (ninguna muy productiva que digamos) y, de todas, rescato una. Hay algo que me pregunto de vez en cuando: si viniera la Sabrina de ocho años a ver en lo que me estoy convirtiendo, ¿qué pensaría? ¿Se reconocería en mí? Yo tenía muchas más expectativas y sólo me faltan dos ítems de los que cuatro que había imaginado de chica para cuando tuviera 18.
Hace no más de dos horas recuperé mi vieja desconfianza ante las palabras ajenas -y sí, si fuera en las propias estaríamos en un grave caso de paranoia-. Se trata de mi miedo ancestral (tengo 21 años menos una semana y ya hablo de ancestral, bien eh) a la disgregación del alma. ¿Debería sentir ese miedo ahora? No hay razones para sentirlo, ¿no?
Ahora Guillo guarda silencio. Debe estar escuchando cumbia o reggaetón para imaginarse en un ambiente festivo. Cada quien tiene sus métodos. Yo me comí un helado hace un rato. Uno de esos helados coreanos con la foto de dos integrantes de 4minute. "No me hizo feliz pero es rico", es una de las frases que más estoy repitiendo estos días.
Hace aproximadamente un año que no escucho un disco entero de Pink Floyd y de Lhasa de Sela por miedo a que me arruinen los días. El año pasado les eché, en parte, la culpa de unas semanas inestables que pasé y ahora no me animo a escucharlos. Superé muchos de mis miedos de ese estilo (como no escribir en cursiva los domingos) pero ese todavía me genera inquietud. Un día juro que me voy a sentar y los voy a volver a escuchar. Y nada malo va a pasar.

1 comentarios:

Wolf dijo...

Un día nos sentamos a escuchar floyd juntos