miércoles, 4 de mayo de 2011

Hay muchas cosas que quiero saber. Una de ellas es qué tiene la comida para generarme esta sensación de felicidad a medias. Es rica, se siente en mi lengua, en toda mi boca, la disfruto y creo, sin razón, que me puede dar algo más que sólo un buen momento. Cuando me doy cuenta de que me equivoco, busco más. O no, quizás la evito durante ciertas horas para comer todo de una después. Y nunca nada sano. No, jamás. Soy muy vaga para cocinar. Me aburre comer siempre lo mismo. La fruta es rica pero fría, y me da frío pelarla. Y no como la fruta sin pelar.
No es importante, claro que no. Pero lo repaso en mi mente, lo analizo, lo desmenuzo, lo saboreo, como hago con la comida que me gusta. No es un gran problema, es una etapa. Son todas etapas. Ésta tiene fecha de caducidad.
Será que siento que no puedo hablar, y por eso hago entrar comida en mí. Me lleno más y más de palabras pero no digo ninguna.
No me preocupa engordar, no me preocupa mi figura. Sé que tengo un cuerpo privilegiado, por suerte. Debería cuidarme, no sólo para mantenerlo como corresponde sino para preservar mi salud.

Vivo en una constante ansiedad cuando de comida se trata.