Había una vez una casa.
Su puerta de entrada era pequeña, al igual que muchos de los objetos que la ocupaban. Tenían formas de animales o de seres imaginarios e imposibles, algunos sonreían y otros eran inexpresivos.
La cocina estaba provista de mucha comida y de todos los utensilios necesarios. El living era espacioso y cálido. El baño estaba siempre impecable. Y la habitación tenía una cama grande y lista para que los habitantes se acostaran y durmieran.
Lo sé porque vi muchas veces esa casa desde afuera, a través de una de esas hermosas y limpias ventanas. No era nada del otro mundo, al menos no para los ojos ajenos, los que no se preguntan por qué no hay nadie viviendo allí. Los que sí nos lo preguntamos descubrimos la respuesta pronto, sin pensarlo demasiado: era obvio. La casa-barco nos espera. El pulpo ya la está ocupando preventivamente, para mantenerla confortable y linda hasta que entremos. Después, esa tarea dependerá de nosotros.
Aunque, no se preocupen, aquí entre nos les confío que el pulpo nos seguirá dando una mano. Bah, ocho tentáculos.


1 comentarios:
Habia una vez una casa...
(que lindo...)
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