La enfermera miró el teléfono y entendió todo: el monstruo no la va a llamar.
Sin embargo, no se queja, porque no tiene ningún derecho a hacerlo. Los hombres se van, bajan las escaleras y dejan a la mujer llorando. Eso es equilibrio. Eso es pasión.
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Los sueños me superan. Son incontrolables y no tienen sentido. Me escondo, huyo de algún peligro, me enamoro perdidamente, salvo al mundo, vuelo y vivo en una infinidad de mundos postapocalípticos.
La realidad me supera también. No le encuentro mucho sentido a inventar, no tengo nada que decir, no temo expresarme, porque todo lo que siento se lo puedo decir. No tengo miedo. ¿Qué realidad tengo que ocultar? Ninguna.
Volveremos a vernos.

Soy yo. Si tuviera otro pasaje, ¿vendrías conmigo?


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