domingo, 5 de febrero de 2012

Tonsé (o por qué no tener un animal prehistórico como mascota)

Habían sido unas semanas difíciles, coronadas con un día desastroso. Esa misma noche, cuando no esperaba menos que una lluvia torrencial que me impidiera volver a casa o un asalto nocturno, escuché un ruido seco detrás de unas bolsas de basura. Normalmente no me hubiera fijado, pero si se hubiesa tratado de un bebé o un gatito, no me lo habría perdonado. No tuve que aproximarme demasiado: una patita verde musgo asomó entre unas cajas de cartón.
Si tengo que ser completamente sincera, tenía frente a mí una criatura hermosa. Pese a su extraño aspecto y a pertenecer a una especie desconocida, no pude resistir la tentación de envolverla en cartón corrugado y llevarla a mi casa. Vacié una caja donde guardaba viejas pertenencias a una época pasada e improvisé una cuna. Fue en el momento de acostarlo que descubrí que ese bicho extravagante era un macho. Me miró con sus pequeños ojos negros y caí inmersa en su profundidad. Me perdí durante unos instantes que parecieron horas y, al volver a la superficie, me hallé sentada frente a una especie de dinosaurio de mi mismo tamaño. No era un dinosaurio, quiero aclarar eso antes de que se hagan de una idea equivocada de él. Su cabeza era redonda y muy desproporcionada en relación al resto del cuerpo, que sí recordaba al de un tiranosaurio. Sus patas delanteras eran fornidas y más cortas que las traseras, que se asemejaban a las de una cabra. Su rostro, aparte de tener esos dos ojos enormes, ostentaba una boca y una nariz diminutas que, por raro que parezca, me resultaban adorables. Lo llamé Tonsé, porun juego de palabras que no vale la pena explicar.
Cuando desperté al día siguiente, entendí todo: Tonsé había llegado para quedarse. Conmigo. Me puse feliz de que una criatura misteriosa me eligiera entre todos los humanos grises que tenía a mi alrededor. Llegué a creer que mi racha cambiaría y, por un tiempo, así fue. No tardó demasiado en convertir mi casa en una mezcla de una mágica selva prehistórica y una ciudad postapocalíptica. Vivir con su influencia día a día me obligaba a debatirme entre el idílico pasado, el aterrador futuro y el limbo presente. Tonsé creció aún más, como nunca imaginé que una mascota podría crecer. Era consciente de que no se trataba de una mascota ordinaria y, sin embargo, a mis ojos era especial y familiar a la vez. No hubiera tenido ningún reparo en sacarlo a pasear por la calle y presentárselo a mis amigos, de no ser porque era él quien chillaba cuando lo invitaba a salir. Desde aquella noche en la que llegó a mi casa no había vuelto a cruzar la aburrida puerta de madera. Él eligió quedarse y yo no tenía posibilidades de hacerlo cambiar de opinión.
Tonsé se alimentaba de plantas y carne, según cómo se encontrara de humor. Le ofrecía lo que pensaba que sería su mejor opción a la hora de comer. Compartíamos la vajilla que mis padres habían usado durante casi toda su vida de casados. Se sentaba a la mesa conmigo durante la cena y compartíamos silencios cómodos. A veces no le gustaba la comida que le servía, se agitaba en su silla y chillaba, pero nunca la cambié. Esperaba con paciencia a que terminara su cena y lo mandaba a dormir.
Una mañana me desperté y -ay, el cliché- me encontré fuera de mi casa. Traté de abrir la puerta pero no tenía cerradura sino una piedra. Volví a despertar y me di cuenta de lo obvio: él eligió entrar y él me quiso fuera de su casa. Me reí de lo predecible que había sido aquello y cuán ciega y estúpida había sido. Si le hubiera hecho caso a sus caprichos probablemente no estaría del otro lado de la puerta. O sí, porque no dependía de mí: Tonsé sólo quería si propio hábitat.
Imagino cómo la selva se expande inevitablemente tras esa roca y cómo el calor y la humedad lo inundan todo. Tonsé quizás comience a chillar un día, pero no estaré yo ahí para atravesar la entrada. Alguna mujer parecida a mí -¿o chica debería decir?- romperá la piedra, que él mimo se encargará de desintegrar lentamente, y la historia no se repetirá pero será similar.
Me molesta sobremanera lo cliché que puede llegar a ser la vida.


I can still hear the piano from that summer day in the distant past
It gives me affection
But I have to wake up now